Vida y muerte de Zósimo Ortega González

Hay muertes que cuando ocurren se llevan pedazos del alma, sobre todo cuando son inesperadas y quien la sufre tenía una vida plena por delante. Así fue la de Zósimo Ortega González, un indígena triqui que fue asesinado el día 7 de enero pasado por la mañana, en el municipio de Nicolás Romero, estado de México, cuando unos delincuentes asaltaron el autobús urbano donde viajaba para dirigirse a su trabajo, como lo hacía todos los días. Cuando la luz de un nuevo día comenzaba a alumbrar el horizonte, Zósimo fallecía de la manera más absurda, dejando en el desamparo a su esposa y cuatro hijos.

Ejido La Sierrita: resistencia al despojo

Igual que la población mexicana, también la madre tierra sangra, porque el terrorismo contra los luchadores sociales, los defensores de derechos humanos, los estudiantes y los pobres en general, lo mismo se aplica a ella. A los primeros se les amenaza, encarcela, golpea, asesina o desaparece, mientras a la segunda se le extrae el agua que es la sangre que la alimenta y nos alimenta; se le contamina con los químicos que a diario se le arrojan y se le extraen los minerales, que es como extraerle los órganos que le dan vida.

México secuestrado

Muy mal deben de andar las cosas en México para que hasta Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se atreva a señalar que nuestro país atraviesa por una grave crisis social, que somos una sociedad con miedo, secuestrada por la violencia; y sus palabras sean secundadas por el Presidente de ese organismo, quien frente al Presidente de la República hizo referencia al dolor y la indignación popular por la violación de los derechos humanos.

La ventana donde nos asomamos

Ojarasca cumple veinticinco años. Un cuarto de siglo de ser la ventana donde los indígenas nos asomamos al mundo y, montados sobre su alféizar, miramos pasar la historia y si lo consideramos necesario nos incorporamos a ella. Ése fue su sino desde su nacimiento, allá por el año de 1989, como México indígena, antes que fuera la revista Ojarasca y después suplemento del periódico La Jornada, con el mismo nombre. Surgió en un tiempo muy significativo para los movimientos indígenas, cuando éstos comenzaban a mostrar su rostro y trazaban el camino por donde después caminarían.