La Diversidad Mutilada - Los Derechos de los Pueblos Indígenas en el Estado de Oaxaca

Hace algunos meses, en fecha de muertos, Francisco nos invitó a Oaxaca. Quedamos de vernos en casa de sus padres. Cuando mi compañera y yo llegamos, la familia estaba reunida para comer. Con gran hospitalidad nos invitaron a pasar a la cocina-comedor, que es donde se juntan todos; Francisco aún no llegaba. Abrieron dos lugares para que cupiéramos en una mesa estrecha y larga donde había personas de todas las edades. La comida sencilla, deliciosa, era un mole preparado en aquella cocina expuesta, con los utensilios colgados del muro de adobe. Su madre, infatigable, gobernaba el ritmo de los platos, haciéndolos llegar a tiempo. Nietas, hijos, nueras, sobrinos hablaban y reían contando los detalles del día o la semana, mientras se compartían los totopos gigantes, elaborados con el maíz de la cosecha. El tequila que llevamos como obsequio en agradecimiento, se repartió en pequeñas tazas de barro. La costumbre es ponerlas juntas en una charola y cualquiera puede levantarse a servir una ronda. El riesgo para el que decida hacerlo es que si alguno de los comensales rechaza la oferta, el que comenzó a servir está obligado a tomarse el aguardiente, y se extiende una carcajada.

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