Cuando Emiliano Zapata, el Comandante General del Ejército Libertador del Sur, se dirigió a todos los revolucionarios reunidos en Ayoxuxtla aquel 27 de noviembre de 1911 para que, si no tenían miedo, pasaran a firmar el Plan de Ayala, entre los que se pusieron de pie y avanzaron hacia la mullida mesa sobre la cual se hallaba el mencionado documento, se encontraban cuatro mixtecos: el general Jesús Morales, originario del municipio de Petlalcingo,  Puebla, conocido entre su gente como "el Tuerto" Morales, por la falta de un ojo que había perdido de niño en una riña callejera; el capitán Francisco Mendoza, de el Organal, Chietla y Catarino Mendoza y Amador Acevedo, de Huauchinantla.
La presencia de los mixtecos en tan importante acto obedecía a varias razones. Una de ellas era la cercanía geográfica con los rebeldes del estado de Morelos, lo que había facilitado que pelearan juntos en la época del maderismo; pero más importante que eso era su cercanía ideológica y la desilusión que en ellos generó el incumplimiento del Plan de San Luis Potosí por Francisco l. Madero que, aunque de manera tibia, prometía devolver las tierras de las cuales los indígenas hubieran sido desojados de manera arbitraria. Los sucesos posteriores a la firma de los Tratados de Ciudad Juárez, por los que Porfirio Díaz renunciaba al poder, mostraban claramente que Francisco l. Madero no pensaba cumplir su promesa y por lo mismo los campesinos que lo apoyaron se sintieron desligados de él y con el derecho de volver a las armas para recuperarlas. Así pues, los unían los ideales de que la tierra volviera a sus legítimos dueños: los pueblos originarios de la región. Y ése era el punto central del Plan de Ayala al que ahora acudían a firmar.
La presencia mixteca en la firma del Plan de Ayala también tenía otro significado. Mostraba que el movimiento zapatista no era un asunto local que se circunscribiera al estado de Morelos, de donde el general Emiliano Zapata era originario; por el contrario, abarcaba una inmensa región del centro y el sureste. En la región mixteca, los ideales zapatistas tenían presencia desde la zona costeña hasta la Mixteca Alta y Baja, tanto en el estado de Puebla -donde ya habían combatido coordi­ nadamente durante el maderismo- como en los de Guerrero y Oaxaca, donde todavía no lo lograban. El hecho de que pelearan aislados no significaba que no coincidieran en sus propósitos, sino únicamente que todavía no se encontraban y ponían de acuerdo.
El presente documento busca explicar las condiciones económicas, políticas y sociales que prevalecían entre los pueblos mixtecos que permitieron que sus dirigentes y líderes rebeldes se identificaran con el zapatismo, y algunos de ellos participaran en la firma del Plan de Ayala. Con él se pretende mostrar que la historia de las rebeliones campesinas entre los pueblos mixtecos es distinta a la forma como oficialmente se ha contado. Particularmente de los pueblos mixtecos no existen estudios que presenten explicaciones de conjunto, siempre se muestran como parte de la lucha en los estados a donde pertenecen y así no se percibe la importancia que tu­ vieron como pueblos socioculturalmente unidos. Un estudio con este enfoque da otra dimensión de su resistencia y sus horizontes, que también pueden ser los de otros pero con sus rasgos específicos.