La geografía de los nuevos movimientos sociales

Comienza el año y con él llegan los vientos. Son vientos frescos nacidos de unos pueblos que se mueven porque no quieren dejar de serlo. Vienen de muchas partes del país, desde los desiertos y sierras del norte, hasta los valles y las selvas del sureste mexicano. Son vientos que provocan los pueblos organizados que han decidido luchar para enfrentar la imposición de políticas gubernamentales que si no se detienen van a acabar con ellos. Son vientos fuertes porque, a diferencia de años pasados, donde cada pueblo luchaba por su propia demanda, ahora van juntando su caminar, que al final tiene el mismo objetivo. Sus demandas son las mismas de hace décadas, lo que si es novedosa es la manera en que se están organizando. Como que van encontrando su camino.

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Policías comunitarias y autodefensas: una distinción necesaria

Ha pasado un año de que en México comenzaron a surgir las policías comunitarias y grupos de autodefensa como una forma de enfrentar la inseguridad, generada por la incapacidad de los órganos del gobierno de cumplir con su obligación de brindar seguridad a la población. El fenómeno comenzó a notarse desde noviembre de 2012, apenas unos meses después de que se decidió la elección de Presidente de la República. En varios entidades federativas, marcadamente Guerrero, Michoacán, Hidalgo, Veracruz y Oaxaca, comenzaron a mostrarse públicamente diversas policías comunitarias y grupos de autodefensa; después se supo que muchas de ellas no eran tales sino grupos formados por políticos profesionales para posicionarse frente a sus adversarios y desaparecieron. Detrás del fenómeno, se especuló, podía encontrarse el general colombiano Óscar Naranjo, ligado a grupos paramilitares en Colombia y en ese entonces asesor en materia de seguridad del presidente electo de México.

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Policías comunitarias, grupos de autodefensa y paramilitares

La aparición de policías comunitarias y grupos de autodefensa por diversos estados de la República ha traído diversas consecuencias. Una de ellas es el reconocimiento, desde diversos ámbitos del gobierno y sectores empresariales, de la crisis del estado de derecho y la incapacidad de las instituciones creadas para brindar seguridad a la población, para cumplir su cometido. Este reconocimiento ha venido acompañado de diversas posturas sobre el fenómeno. El presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha mostrado preocupación porque, dice, los grupos de autodefensa quebrantan la estabilidad de las instituciones, debido a que existe una línea muy tenue entre estas organizaciones de autodefensa y los grupos paramilitares, además de que nadie puede hacerse justicia por su propia mano ni ejercer violencia para reclamar su derecho. En esa misma línea, el ex presidente de la misma institución ha dicho que este tipo de grupos son ilegales, y sus acciones, delictivas.

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