El derecho a la alimentación es un derecho humano fundamental. Lo es tanto porque satisface necesidades básicas de los seres vivos, en este caso los seres humanos, sin lo cual no podrían existir; como porque así lo reconocen diversos documentos jurídicos de derecho internacional y del derecho mexicano. La afirmación anterior, pareciendo tan obvia, tiene implicaciones que es necesario explicar.

E N LOS ÚLTIMOS AÑOS ASISTIMOS al surgimiento de nuevos movimientos indígenas, y lo son por la novedad de su conformación, pero también por sus demandas. Ya no estamos ante culturas atrasadas a las que había que ayudar a desarrollarse porque sólo dejando de ser indígenas podrían salir de la pobreza, como por mucho tiempo se les concibió, sino ante una diversidad de culturas que reclaman el derecho a su existencia.

El presente libro sale a la luz pública en los momentos en que el Estado mexicano promueve la explotación de los recursos naturales e implementa políticas que favorecen a los empresarios y violentan derechos, en este caso el derecho a la consulta.

Quienes de un modo u otro hemos tratado de acercarnos a la comprensión, estudio y, en lo posible, al impulso de las reivindicaciones sobre derechos de los pueblos indígenas, hemos desembocado inevitablemente en el mar de la libre determinación de los pueblos y de la autonomía como expresión concreta y actual.

I - “¡Juchari uinapikua! ¡Fuerza guerreros!” La invocación rompió las penumbras de la noche  que estaba por marcharse y se esparció entre el monte, por cuyos árboles la luna se asomaba antes que la luz del amanecer la escondiera completamente. Los que escuchaban la invocación eran los mismos que la pronunciaban; un número reducido de personas, aunque por lo que representaban podría decirse que era todo un pueblo. Entre ellos estaban los doce k’eris del primer Concejo Mayor del municipio de Cherán que ese día entregarían el poder a los doce del segundo que lo recibirían.

La democracia es mejor que la dictadura o la anarquía. Esa es un dogma aceptado por la mayoría de los mexicanos. Nuestro problema es que en México no hemos tenido una democracia real sino discursiva. En los años de estabilidad política lo que prevalecía era el dominio de un partido, lo que llevó al escritor Mario Vargas Llosa a calificarla como una dictadura perfecta.

En la Mixteca los Días de Muertos, también llamados De todos Santos, son de fiesta y, como muchas fiestas del pueblo, días en los que se refleja la cultura. Los habitantes de los pueblos se preparan con mucha anticipación para esperar la llegada de esta fecha y cuando se va acercando lo hacen casi con ansiedad. Esto se debe, en gran parte, a que por la diáspora que constantemente experimentan las familias, muchos ven el Día de Muertos como una oportunidad para la reunificación, tanto de los vivos como de los que han partido para no volver.

Este primero de enero se cumplen 20 años de que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional le declarara la guerra al Estado mexicano. Muchas cosas han sucedido de entonces a la fecha. Una de ella es que el Estado se avejentó y algunas de sus instituciones tuvieron que ser reformadas para que siguieran funcionando; otras fueron sustituidas por no responder a las nuevas orientaciones de la política estatal, mientras se creaban otras para atender, se dijo, los nuevos reclamos sociales.

El día 25 de octubre de 1875, Ignacio Ramírez, El Nigromante, preocupado por la desigualdad social imperante en el país, escribió a Carlos Olaguibel, gobernador del estado de México, una carta en la que preguntaba "¿qué hacemos con los pobres?", que en los tiempos en que la cuestión se formulaba resultaban sinónimo de indios.

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